Me pregunto cómo será nuestra primera vez.
Me pregunto si dolerá. Me pregunto si nos quedaremos pegados para siempre como dos perros.
Trasguleo
domingo, 26 de octubre de 2014
martes, 14 de octubre de 2014
brindo
Sí merece la pena este lugar, de la gran ciudad. Donde hemos ido a parar todos, donde hemos ido a juntarnos. ¿Quién os lo iba a decir? Somos 15 entre 3 millones.
Sí merece la pena esta semana, con sus madrugones y sus ojos irritados. Con una rubia encima y un loco preso de altibajos.
Y si merece la pena es por vosotros, por nosotros. Qué suerte la mía de haberos encontrado. Porque de entre tantos me tocasteis vosotros, nos tocamos nosotros.
Sí merece la pena esta semana, con sus madrugones y sus ojos irritados. Con una rubia encima y un loco preso de altibajos.
Y si merece la pena es por vosotros, por nosotros. Qué suerte la mía de haberos encontrado. Porque de entre tantos me tocasteis vosotros, nos tocamos nosotros.
miércoles, 2 de abril de 2014
asunto mío
Que si fantaseo con tu boca es asunto mío.
Y ni tu tú más sensato podría abarcar eso.
Camparizada e ingenua me sale de los ojos el fantasma de un beso.
¿A quién preguntas? Bien sabes que no soy sólo esa. Y aun así a esa preguntas.
Camparizada e ingenua me sale por los ojos el beso de un fantasma.
Y ni tú ni tus pragmáticos intentos podríais entenderlo. ¿No ves que no eres tú en quien pienso? ¿No ves que no eres más que una sábana? Tú mejor que nadie entiendes eso, pero no vale con decirlo aunque te vistas de beso.
Que si fantasmeo con tu boca es a susto mío.
Tú mejor que nadie sabes que nunca será boca tuya.
No me pidas que los desnude ni que los nombre si no son de carne.
Tú mejor que nadie entiendes eso y lo demás es asunto mío.
Y ni tu tú más sensato podría abarcar eso.
Camparizada e ingenua me sale de los ojos el fantasma de un beso.
¿A quién preguntas? Bien sabes que no soy sólo esa. Y aun así a esa preguntas.
Camparizada e ingenua me sale por los ojos el beso de un fantasma.
Y ni tú ni tus pragmáticos intentos podríais entenderlo. ¿No ves que no eres tú en quien pienso? ¿No ves que no eres más que una sábana? Tú mejor que nadie entiendes eso, pero no vale con decirlo aunque te vistas de beso.
Que si fantasmeo con tu boca es a susto mío.
Tú mejor que nadie sabes que nunca será boca tuya.
No me pidas que los desnude ni que los nombre si no son de carne.
Tú mejor que nadie entiendes eso y lo demás es asunto mío.
domingo, 9 de febrero de 2014
chocolate con churros
La subnormalidad más profunda alterna con un bien avenido sentimiento primaveral.
Se me sube un no se qué de comerme el mundo por la garganta cuando miro por la ventana, pero sigo sentada en el sofá de mi tía de ochenta años que todo el rato te echa hacia fuera. Nos hizo una visita la semana pasada, ya casi me había olvidado.
Siempre que viene provoca la ola. Es como si su estancia stand by fuese la calma que precede todo lo malo.
El mismo día que dejó Madrid, me rompí el dedo, corazón (se que sobra la coma pero me hace mucha más gracia así. y para algo es mío el texto).
Sí, siempre que se va nos urge un deseo compulsivo de desordenar todo. Como si así afirmásemos que la casa es más nuestra. Es nuestra pequeña reconquista y la vivimos con pasión.
Porque a mí me gusta tener abiertas todas las ventanas. Me refiero a que me gusta retirar las cortinas y subir las persianas. Me vibra el estómago y me dan ganas de soñar, pero ella dice que el sol se come las alfombras y lo cierra todo. Me deja sin habla. Por eso siempre que se va mi casa parece un escaparate y hasta hace frío.
Y eso que el invierno en Madrid es otra cosa. No hay ese viento que no puedes ni entender (es una cosa que me tiene loca, el viento). No, aquí de pronto sucede el milagro, el veranillo, el quéagusticoenterrazaalsolenenero. Y eso da fuerzas para todo, como al mirar desde mi terraza, como al ver el mar. Eso sí le falta, sí.
Seremos la generación de los motivados el día que nos den trabajo. Tantas ganas tantas ganas.
Nunca se ha agradecido tanto. Generación frustrada, en exceso motivada. Eso cómo se come. Los más preparados. Sigo sin entender por qué hay gente que va por el tercer máster. La especialización se hace trabajando, no pagando. Por amor de dios. Eso sí que me deja sin habla.
Ves? Ahora me hacía un peta y me atiborraba de series. En plan parásito máximo, manta de sofá. Y eso que te echa hacia fuera y no hay quien esté sin partirse la columna. A ella le encanta hasta coser aquí. Y comerse sus uvas con queso y su amar en tiempos revueltos y su película, somnífero implacable. (Aunque las ha visto todas, me pregunto si será un superpoder). A ella le gusta y yo no puedo entenderlo. Habla de comprarme un horno doble pero no un sofá nuevo. Y es como un instrumento de tortura china. Pues aun así y todo y todo podría parasitear aquí toda la tarde de domingo, aunque la bolsa del pan duro esté llena y la luz me recuerde los patos del estanque. Qué bonito es ese parque, eso sí que lo tiene, sí.
No es que las cosas cambien mucho, seguramente sólo es que nos hacemos más conscientes. A lo mejor ese el proceso, conocerse e ignorarse. Pero ¿ignorar este día, esta luz, los patos? Me visto y me voy a patear, se me ocurre que podría conocer a un músico argentino que viniera a pasear la gorra, a hacer la calle. O tal vez a un percusionista senegalés con el que me tome un chocolate con churros y que siempre me guiñe el ojo frente al Corte Inglés de Felipe II. Así, poniendo pequeños anclajes en la gran ciudad para sentirte más en casa. Por qué será que lo que nos echa hacia fuera es capaz de retenernos. Como yo aquí y ahora, en este sofá chino propiedad de una momia maniática y encantadora. La bipolaridad juega en todas las divisiones, vive dios.
Se me sube un no se qué de comerme el mundo por la garganta cuando miro por la ventana, pero sigo sentada en el sofá de mi tía de ochenta años que todo el rato te echa hacia fuera. Nos hizo una visita la semana pasada, ya casi me había olvidado.
Siempre que viene provoca la ola. Es como si su estancia stand by fuese la calma que precede todo lo malo.
El mismo día que dejó Madrid, me rompí el dedo, corazón (se que sobra la coma pero me hace mucha más gracia así. y para algo es mío el texto).
Sí, siempre que se va nos urge un deseo compulsivo de desordenar todo. Como si así afirmásemos que la casa es más nuestra. Es nuestra pequeña reconquista y la vivimos con pasión.
Porque a mí me gusta tener abiertas todas las ventanas. Me refiero a que me gusta retirar las cortinas y subir las persianas. Me vibra el estómago y me dan ganas de soñar, pero ella dice que el sol se come las alfombras y lo cierra todo. Me deja sin habla. Por eso siempre que se va mi casa parece un escaparate y hasta hace frío.
Y eso que el invierno en Madrid es otra cosa. No hay ese viento que no puedes ni entender (es una cosa que me tiene loca, el viento). No, aquí de pronto sucede el milagro, el veranillo, el quéagusticoenterrazaalsolenenero. Y eso da fuerzas para todo, como al mirar desde mi terraza, como al ver el mar. Eso sí le falta, sí.
Seremos la generación de los motivados el día que nos den trabajo. Tantas ganas tantas ganas.
Nunca se ha agradecido tanto. Generación frustrada, en exceso motivada. Eso cómo se come. Los más preparados. Sigo sin entender por qué hay gente que va por el tercer máster. La especialización se hace trabajando, no pagando. Por amor de dios. Eso sí que me deja sin habla.
Ves? Ahora me hacía un peta y me atiborraba de series. En plan parásito máximo, manta de sofá. Y eso que te echa hacia fuera y no hay quien esté sin partirse la columna. A ella le encanta hasta coser aquí. Y comerse sus uvas con queso y su amar en tiempos revueltos y su película, somnífero implacable. (Aunque las ha visto todas, me pregunto si será un superpoder). A ella le gusta y yo no puedo entenderlo. Habla de comprarme un horno doble pero no un sofá nuevo. Y es como un instrumento de tortura china. Pues aun así y todo y todo podría parasitear aquí toda la tarde de domingo, aunque la bolsa del pan duro esté llena y la luz me recuerde los patos del estanque. Qué bonito es ese parque, eso sí que lo tiene, sí.
No es que las cosas cambien mucho, seguramente sólo es que nos hacemos más conscientes. A lo mejor ese el proceso, conocerse e ignorarse. Pero ¿ignorar este día, esta luz, los patos? Me visto y me voy a patear, se me ocurre que podría conocer a un músico argentino que viniera a pasear la gorra, a hacer la calle. O tal vez a un percusionista senegalés con el que me tome un chocolate con churros y que siempre me guiñe el ojo frente al Corte Inglés de Felipe II. Así, poniendo pequeños anclajes en la gran ciudad para sentirte más en casa. Por qué será que lo que nos echa hacia fuera es capaz de retenernos. Como yo aquí y ahora, en este sofá chino propiedad de una momia maniática y encantadora. La bipolaridad juega en todas las divisiones, vive dios.
martes, 17 de diciembre de 2013
encarnados
Que no lo digas en voz alta, calla. Que se me vuelven de carne los fantasmas.
(Un susurro, una palabra, un grito)
El fin, el principio, de sábana blanca al hombro y un muerto en la espalda.
(Un esfuerzo, que pesa pesado, un nuevo intento)
Si esta vez consigo erguirme, se que será para siempre.
(Un susurro, una palabra, un grito)
El fin, el principio, de sábana blanca al hombro y un muerto en la espalda.
(Un esfuerzo, que pesa pesado, un nuevo intento)
Si esta vez consigo erguirme, se que será para siempre.
sábado, 7 de septiembre de 2013
escasez
A veces lo que más rabia me da es no haber tenido la oportunidad.Y entonces me imagino cómo sería y consigo disfrutar de esa ilusión. Y a veces, sólo a veces, me permito pensar que es insuficiente y cuando se acerca la ola, me pierdo otra vez en la ilusión.
Y lo leo, lo traigo hasta aquí por mi boca y le doy vida con mis citas, como una nube de humo lo presento e impregna mi ambiente, mi percepción.
Y lo leo, lo traigo hasta aquí por mi boca y le doy vida con mis citas, como una nube de humo lo presento e impregna mi ambiente, mi percepción.
viernes, 12 de abril de 2013
Sólo quería escuchar su voz otra vez. No se por qué esta mañana ni se por qué con tanto empeño. Quizá sienta que poco a poco lo estoy olvidando, como si cada vez fuese menos real, como si cada vez estuviera más lejos de mí y al mismo tiempo más integrado en mi persona.
Me da tanta rabia verlos a todos y que no esté. Que ni siquiera lo nombren, como si no hubiese existido.
Me da tanta rabia todo a veces que siento que no me puedo levantar, de la rabia que tengo, que no puedo siquiera ponerme en pie, que no lo voy a conseguir.
A veces lo veo, cuando me miro las manos.
Y a veces me sorprendo al escucharlo cuando en realidad la que habla soy yo...
Me da tanta rabia verlos a todos y que no esté. Que ni siquiera lo nombren, como si no hubiese existido.
Me da tanta rabia todo a veces que siento que no me puedo levantar, de la rabia que tengo, que no puedo siquiera ponerme en pie, que no lo voy a conseguir.
A veces lo veo, cuando me miro las manos.
Y a veces me sorprendo al escucharlo cuando en realidad la que habla soy yo...
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