lunes, 25 de marzo de 2013

matemáticas emocionales


Si dos más dos son cuatro y me quiere, por tres que son doce no lo llamo hasta el jueves.


Con cuidado en la rima de dos y tres son cinco, si le escribo el jueves, ¿me llamará el domingo?

el preámbulo

Se me antoja el lollipop como un gatillazo, buena imagen para empezar el día.

el hambre viene comiendo

Si de algo soy fan es del refranero popular. Una fan incondicional.

sinsentido

Y así, barruntando, pensé que la vida tiene sentido con un café y un bollo relleno de chocolate cada mañana.
Y un buen polvo en tanto en cuando. En tanto en cuándo? Paciencia, me digo.
Y entonces para qué estudiar tanto? Tiene más sentido la vida sabiendo más de literatura, de italiano, de qué? En llegando al cuarto de siglo (y perdónenme la vulgaridad), no encuentro un sentido más amplio que escuchar a Ariel mirando por la ventana y conjeturar sobre el antes y el después. A la vuelta de la esquina están los de la mala rima y si los tuviera, se me pondrían de corbata. Porque vuela. Vuela que no veas.
En eso que entiendo como el almacén de los buenos recuerdos me vienen imágenes, siempre en compañía de los míos, personas o lugares. Qué habrá que no me coma yo?

echarse o no

Me gusta tirarme a la piscina. Y además nunca he sido de las de ir por partes. Yo me tiro de cabeza o no me tiro. (Mojarse primero x partes clave me parece una pérdida de tiempo)
Y ahora estoy pasando calor y tengo ganas de tirarme.
Pero la piscina está llena de mierda.
Y no es esta clase de mierda piscinera que no se ve hasta que no estás dentro, no. Puedo ver desde aquí que el agua está turbia, y aun así, tengo ganas de tirarme.
Habré perdido el juicio? Tanto calor tengo?

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los de la mala rima

Cuando tenga 25... mil cosas. Se me antojaban tan lejanos y sólidos, el punto álgido de la vida misma.
Cuando tenga 25.
Me imaginaba de mil maneras. En mil sitios. Cuando tuviera 25.
Con 25 bailaría mejor, sería más lista y más guapa. Todo parecía perfecto en mi proyección de los 25.
Y han llegado, aquí los tengo. Como 25 ladrillos que me pesan en los pies. Que me mantienen pegada a la tierra y me impiden seguir soñando.
Porque ahora tengo 25.
 25!
Y si no empiezo a hacerme caso no creo que llegue a coger costumbre.

--- Ansiedad en el pecho. Que alguien se haga un peta y me quite peso.

Cuando tenga... nada. Mejor será creerse. Asumirse. Buscarse el mejor partido. El tiempo de formación ha terminado y yo sigo preguntándome dónde me he perdido. Como han podido sorprenderme.
No los he visto hasta que han pasado.
(Que tendrán los aniversarios redondos que le dan a uno vuelta la cabeza)

En verdad lo venía barruntando. Una mayor necesidad de escucharme, respetarme, conocerme. Una llamada a la sinceridad, para empezar, con una misma.
Qué trivial parece y qué jodido es. No es fácil mantener la cordura en la búsqueda de la coherencia personal.

--- Más ansiedad, en el estómago. O sacáis unas birras o no se lo que hago.

Y no es que sienta que no he aprovechado... La mirada en perspectiva siempre me deja mejor sabor de boca.
Pero y dónde quedaron los propósitos de cambio?  Voy a cagarla siempre en lo mismo?

--- Y la ansiedad me nubla el seso. Sacarla de ahí... todo un proceso.

Porque al sentirme vendida rescato esa sensación de desaprendizaje que me amortaja. Si ya sabía que me iba a hacer daño, a qué fin? Porque esas cosas se hacen a los 15... a los 20... pero juraría que no iban a pasarme cuando tuviera 25...