miércoles, 20 de marzo de 2013

Los de la mala rima

Cuando tenga 25... mil cosas. Se me antojaban tan lejanos y sólidos, el punto álgido de la vida misma.
Cuando tenga 25.
Me imaginaba de mil maneras. En mil sitios. Cuando tuviera 25.
Con 25 bailaría mejor, sería más lista y más guapa. Todo parecía perfecto en mi proyección de los 25.
Y han llegado, aquí los tengo. Como 25 ladrillos que me pesan en los pies. Que me mantienen pegada a la tierra y me impiden seguir soñando.
Porque ahora tengo 25.
 25!
Y si no empiezo a hacerme caso no creo que llegue a coger costumbre.

--- Ansiedad en el pecho. Que alguien se haga un peta y me quite peso.

Cuando tenga... nada. Mejor será creerse. Asumirse. Buscarse el mejor partido. El tiempo de formación ha terminado y yo sigo preguntándome dónde me he perdido. Como han podido sorprenderme.
No los he visto hasta que han pasado.
(Que tendrán los aniversarios redondos que le dan a uno vuelta la cabeza)

En verdad lo venía barruntando. Una mayor necesidad de escucharme, respetarme, conocerme. Una llamada a la sinceridad, para empezar, con una misma.
Qué trivial parece y qué jodido es. No es fácil mantener la cordura en la búsqueda de la coherencia personal.

--- Más ansiedad, en el estómago. O sacáis unas birras o no se lo que hago.

Y no es que sienta que no he aprovechado... La mirada en perspectiva siempre me deja mejor sabor de boca.
Pero y dónde quedaron los propósitos de cambio?  Voy a cagarla siempre en lo mismo?

--- Y la ansiedad me nubla el seso. Sacarla de ahí... todo un proceso.

Porque al sentirme vendida rescato esa sensación de desaprendizaje que me amortaja. Si ya sabía que me iba a hacer daño, a qué fin? Porque esas cosas se hacen a los 15... a los 20... pero juraría que no iban a pasarme cuando tuviera 25...



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